Certificación de cosmética BioVidaSana

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Cosmetics HĒRBERA: dermocosmética orgánica de alto rendimiento formulada desde laboratorio propio

Lilà, la catalana que recuperó una fábrica abandonada para hacer cosmética natural
El proyecto de dos farmacéuticos convirtió una antigua fábrica familiar de embutidos en la Anoia en un laboratorio especializado en cosmética natural de calidad

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Lilà, la catalana que recuperó una fábrica abandonada para hacer cosmética natural

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Qué es la cosmeticorexia y cómo afecta a los más jóvenes

La Cosmeticorexia se define como una obsesión por el uso de productos cosméticos y de maquillajes. Este fenómeno está afectando mucho a los adolescentes e incluso a niños de entre 8 y 12 años.  Se da más en las chicas, aunque también hay cada vez más chicos afectados; que a menudo utilizan varios productos diarios en lo que se conoce como rutina cosmética o “skincare”. Incluso hay adolescentes preocupados por los signos de la edad en su piel, lo que los lleva a consumir cosmética antiedad, con ingredientes como retinol, o incluso a aplicarse rellenos de botox como contorno de ojos, o para borrar las líneas de expresión de la frente, lo que en algunos países ya es habitual a partir de los 20 años. La cosmeticorexia es una alteración psicológica, que puede ser grave, como todas las obsesiones, y que tiene mucho que ver con las inseguridades propia de esta edad, junto con el exagerado perfeccionismo propio de estos tiempos. Además de problemas psicológicos, como problemas de autoestima y dependencia, esta obsesión puede producir problemas persistentes en la piel como dermatitis, irritaciones, piel opaca, intolerancia al sol, etc.   Los adolescentes están muy condicionados por la información que les llega a través de las redes sociales, con influencers mostrando sus pieles perfectas a través de filtros, y probando continuamente los productos cosméticos de sus patrocinadores ante la cámara. La industria cosmética convencional tiene gran parte de responsabilidad en este fenómeno, pues además de la publicidad que ejercen a través de las influencers, a las que pagan o regalan productos para que los promocionen, suelen diseñar formatos y envoltorios atractivos para los adolescentes, donde el envase y la fama de quien lo anuncia son más importantes que el contenido. Además de las redes sociales, los niños y adolescentes también encuentran fácilmente en tiendas y centros comerciales invitaciones a probar nuevos productos: testers y muestras gratuitas con apariencias atractivas. Esta presión por consumir también incluye a los perfumes sintéticos; en este campo es en que el glamour y las apariencias adquiere su máxima expresión. Los perfumes sintéticos contienen muchos ingredientes y algunos de ellos pueden actuar como disruptores endocrinos. Además, las fórmulas de los perfumes son secretas, la ley permite declararlos en las etiquetas simplemente como Parfum, tanto si son naturales como de origen petroquímico. Es peligroso que las personas se acostumbren a estos perfumes desde tan temprana edad, porque los que no usamos perfumes sintéticos normalmente no soportamos esos olores artificiales, pero si te acostumbras ya desde pequeño, lo considerarás normal y probablemente usarás este tipo de perfumes toda la vida.   A los que somos conscientes de la diferencia que hay entre usar cosmética natural o convencional nos preocupa el poco o nulo conocimiento de los más jóvenes sobre los ingredientes que se emplean en la cosmética convencional y sobre los muchos beneficios de la cosmética natural. ¿Y cómo se podría ayudar a los adolescentes a no caer en el obsesivo uso de los cosméticos y a usar cosméticos más naturales? Como siempre, es una cuestión de educación y de atención por parte de las familias y del ejemplo que les puedan dar a los hijos. Es que no es lo mismo tener unos progenitores adictos a las operaciones estéticas y pendientes de la eliminación de cualquier signo de la edad en la piel, que otros que consuman habitualmente cosmética natural y usen los productos cosméticos con moderación y responsabilidad y que transmitan a sus hijos estos hábitos. El ámbito educativo sería un buen marco para trasmitir unas buenas pautas de consumo en el caso de la cosmética. Se necesitaría dotar a los educadores de los recursos para que puedan ayudar a los adolescentes a no caer en esta obsesión, al igual que desde la escuela ya se están afrontando otros trastornos psicológicos. La cosmética natural certificada tampoco se ha especializado hasta ahora en este sector de la población.  Hay productos para bebés y niños pequeños, pero casi nada para adolescentes. Y sí que hay ingredientes y fórmulas en cosmética natural muy adecuadas para la piel adolescente, pero no suelen anunciarse como tal, por lo que, si las chicas y chicos no los conocen, ni tampoco sus familias, ni las influencers a los que siguen, ni nadie de su entorno, pues no llegan a saber que hay buenas opciones naturales para ellos. También hay quien aconseja no utilizar ingredientes naturales por un motivo u otro, como por ejemplo los aceites:  se puede escuchar a supuestos expertos en cosmética aconsejar a los adolescentes que no usen aceites de ningún tipo, pues tendrán más acné y más problemas de piel; con esto los empujan intencionadamente o no, a utilizar productos artificiales. Pero lo que hay que saber es que aceites son comedogénicos, es decir, que obstruyen los poros, como el aceite de coco, pero que hay otros muchos que no son comedogénicos, como el de jojoba, el de rosa mosqueta o el de bardana entre otros.  También hay activos calmantes como la caléndula o el árnica e ingredientes que ayudan a controlar el acné, como el óxido de zinc o el bambú usado en mascarillas. Lo que la sociedad debería enseñar a los niños y adolescentes es a no obsesionarse con su aspecto y a no consumir cosmética en exceso, ni siquiera la natural. No necesitan tantos productos, simplemente deben limpiar la piel e hidratarla, deben usar protector solar natural y deben saber que también se puede controlar el acné con ingredientes naturales   Núria Alonso Responsable Certificación BioVidaSana y Montse Escutia Red Ecoestética | www.ecoestetica.org Publicado anteriormente en BIOECO ACTUAL, nº149, Julio 2026  

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LAMIXTURA: la dermocosmética 100% natural no es solo un concepto, sino una forma muy rigurosa de formular

Amaia Frade es farmacéutica y cofundadora de Lamixtura. Tras años de experiencia en I+D dermocosmético, creó la marca junto a Silvia Garcia, con la convicción de que la cosmética natural puede ser tan o más eficaz que la convencional. Su mirada combina ciencia, sensibilidad y una forma más consciente de entender el cuidado personal. Hoy desarrolla dermocosmética natural avanzada, basada en ingredientes 100% de origen natural, eficacia demostrada y el máximo respeto por la piel. La empresa estará en BioCultura BCN 2026. -¿Qué es Lamixtura y qué historia personal, humana, hay detrás de la empresa? -Lamixtura nace de la unión de Amaia y Silvia, dos formuladoras cosméticas que se conocieron trabajando en un prestigioso laboratorio de dermocosmética en Barcelona. Allí compartimos algo más que profesión: la inquietud de que otra forma de cuidar la piel era posible. Entendimos que se podía formular de una manera más respetuosa, combinando eficacia y seguridad, con ingredientes 100% de origen natural, bien tolerados por la piel, sin ingredientes irritantes ni disruptores endocrinos. Esa visión común fue el origen de todo. Así nació Lamixtura hace ya cinco años: con la voluntad de crear una dermocosmética natural avanzada, capaz de ofrecer resultados reales sin renunciar al respeto por la piel y por la salud. MÁS QUE UN CONCEPTO-¿Habláis de dermocosmética como una forma de diferenciaros de otras empresas afines? ¿Por qué usáis ese concepto para hablar de vuestros productos? -Para nosotras, la dermocosmética 100% natural no es solo un concepto, sino una forma muy rigurosa de formular. En una etapa anterior, cuando desarrollábamos cosmética para otras marcas, trabajábamos con dermocosmética convencional, combinando ingredientes de síntesis con ingredientes naturales. Con Lamixtura decidimos dar un paso más y apostar por una formulación 100% natural, sin renunciar en ningún momento a la eficacia. Ahí está precisamente una de nuestras grandes diferencias: para nosotras, la eficacia no puede basarse solo en los resultados de los distintos componentes o activos que lleva una fórmula. Tiene que demostrarse en la fórmula final, en el producto acabado, con estudios específicos que validen sus resultados reales sobre la piel. Además, entendemos la dermocosmética como un cuidado capaz de ayudar a mejorar alteraciones cutáneas concretas, como la piel con tendencia atópica, la dermatitis o la rosácea. Por eso, nuestras fórmulas están diseñadas para actuar de forma eficaz y, al mismo tiempo, con la máxima tolerancia cutánea. De hecho, todas nuestras fórmulas presentan un índice de irritación igual a cero, lo que significa que son altamente biocompatibles y aptas incluso para las pieles más sensibles. Eso es, para nosotras, la dermocosmética 100% natural: eficacia demostrada, alta tolerancia y un respeto absoluto por la piel.   LAMIXTURA: la dermocosmética 100% natural no es solo un concepto, sino una forma muy rigurosa de formular Amaia Frade es farmacéutica y cofundadora de Lamixtura. Tras años de experiencia en I+D dermocosmético, creó la marca junto a Silvia Garcia, con la convicción de que la cosmética natural puede ser tan o más eficaz que la convencional. Su mirada combina ciencia, sensibilidad y una forma más consciente de entender el cuidado personal. Hoy desarrolla dermocosmética natural avanzada, basada en ingredientes 100% de origen natural, eficacia demostrada y el máximo respeto por la piel. La empresa estará en BioCultura BCN 2026. -¿Qué es Lamixtura y qué historia personal, humana, hay detrás de la empresa? -Lamixtura nace de la unión de Amaia y Silvia, dos formuladoras cosméticas que se conocieron trabajando en un prestigioso laboratorio de dermocosmética en Barcelona. Allí compartimos algo más que profesión: la inquietud de que otra forma de cuidar la piel era posible. Entendimos que se podía formular de una manera más respetuosa, combinando eficacia y seguridad, con ingredientes 100% de origen natural, bien tolerados por la piel, sin ingredientes irritantes ni disruptores endocrinos. Esa visión común fue el origen de todo. Así nació Lamixtura hace ya cinco años: con la voluntad de crear una dermocosmética natural avanzada, capaz de ofrecer resultados reales sin renunciar al respeto por la piel y por la salud. MÁS QUE UN CONCEPTO-¿Habláis de dermocosmética como una forma de diferenciaros de otras empresas afines? ¿Por qué usáis ese concepto para hablar de vuestros productos? -Para nosotras, la dermocosmética 100% natural no es solo un concepto, sino una forma muy rigurosa de formular. En una etapa anterior, cuando desarrollábamos cosmética para otras marcas, trabajábamos con dermocosmética convencional, combinando ingredientes de síntesis con ingredientes naturales. Con Lamixtura decidimos dar un paso más y apostar por una formulación 100% natural, sin renunciar en ningún momento a la eficacia. Ahí está precisamente una de nuestras grandes diferencias: para nosotras, la eficacia no puede basarse solo en los resultados de los distintos componentes o activos que lleva una fórmula. Tiene que demostrarse en la fórmula final, en el producto acabado, con estudios específicos que validen sus resultados reales sobre la piel. Además, entendemos la dermocosmética como un cuidado capaz de ayudar a mejorar alteraciones cutáneas concretas, como la piel con tendencia atópica, la dermatitis o la rosácea. Por eso, nuestras fórmulas están diseñadas para actuar de forma eficaz y, al mismo tiempo, con la máxima tolerancia cutánea. De hecho, todas nuestras fórmulas presentan un índice de irritación igual a cero, lo que significa que son altamente biocompatibles y aptas incluso para las pieles más sensibles. Eso es, para nosotras, la dermocosmética 100% natural: eficacia demostrada, alta tolerancia y un respeto absoluto por la piel. “GREENWASHING”–¿En qué medida os afecta, o no, el “greenwashing” que practican las grandes empresas? -El “greenwashing” sigue siendo un problema porque desdibuja lo que realmente significa hacer cosmética natural. En un entorno como BioCultura pensamos que hay un consumidor más informado y más consciente, pero aun así estas prácticas generan confusión. Nos sorprende ver cómo algunas grandes marcas, con fórmulas que siguen incluyendo parafinas, siliconas o conservantes sintéticos, destacan un ingrediente botánico concreto y trasladan una imagen de naturalidad que no se corresponde con la realidad de la fórmula. Creemos que eso no ayuda al consumidor y banaliza el trabajo que hay detrás de una dermocosmética 100% de origen natural. Nos parece

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Comparando acondicionadores de pelo

Podemos encontrar precursores de los acondicionadores de pelo en los aceites naturales que antiguamente se utilizaban para suavizar y perfumar el pelo como el de oliva, coco o argán. Durante la Edad Media se empleaban grasas animales o vegetales mezcladas con aceites esenciales para cubrir la falta de higiene. Pero su verdadero origen es la mala calidad de los primeros champús que empezaron a comercializarse durante la Revolución Industrial. Eran tan agresivos que dejaban el pelo en malas condiciones y se empezaron a buscar soluciones para “acondicionar” el pelo después del lavado. Uno de los hitos en la evolución de estos acondicionadores fue el uso de las siliconas por sus propiedades suavizantes y antienredantes, a la vez que son ligeras. Las siliconas son polímeros de silicio y oxígeno, diferentes de los plásticos que son polímeros de carbono e hidrógeno. Sin embargo, las siliconas son compuestos sintéticos muy resistentes a la degradación que, como el plástico, están relacionadas con problemas ambientales y también sobre la salud. Las siliconas también tienen efecto de disruptores endocrinos, especialmente debido a los aditivos que las acompañan. Algunas de ellas, como el cyclopentasiloxane  (D5) ya tienen restricciones de uso en la UE.  Por ello, a pesar de sus propiedades, deberíamos evitar su presencia en los acondicionadores de pelo.   Hay otros ingredientes que son poco recomendables y que encontramos con frecuencia en los acondicionadores: El disulfuro de selenio es un producto anticaspa. Se cree que es neurotóxico y está clasificado como posible carcinógeno por ello su uso está restringido y su presencia debe advertirse en la etiqueta. Los compuestos de amonio cuaternario (quats y poliquats) son cáusticos e irritantes de ojos. Una parte importante de la población es alérgica y pueden producir dermatitis de contacto y síntomas asmáticos. Cuando se utilizan en duchas de agua caliente aumenta su inhalación. Los encontramos en el INCI con los siguientes nombres: Benzalkonium, Cetrimonium, Quaternium, Polyquaternium, derivados cuaternizados de la Etilendiamina o de la Polietilenimina como la Estearamidopropil Dimetilamina y Hydroxy Propyltrimonium Chloride. Los emulsionantes sirven para mejorar la viscosidad y la penetración del producto en el cabello y son los responsables de la típica textura cremosa de los acondicionadores. Los derivados del petróleo suelen llevar asociados dioxinas en forma de contaminantes que son reconocidos carcinógenos y no es posible distinguir qué productos están contaminados y cuáles no. Lo son todos los ingredientes que contengan las palabras PEG, PPG, Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, Hydroxypropyl o la terminación “eth”. Ingredientes no totalmente naturales: Los acondicionadores de cabello son uno de los productos más difíciles de conseguir en cosmética natural; al menos para conseguir una textura y un efecto similar al que tienen los acondicionadores convencionales, al que muchas personas consumidoras están acostumbradas. Por eso las normas para cosmética natural certificada suelen aceptar, como excepción al criterio general, algunos ingredientes que son de origen natural, pero que, debido a su método de obtención, tienen un pequeño porcentaje de moléculas petroquímicas en su composición final. Un ejemplo de este tipo de ingredientes es el Distearoylethyl Dimonium Chloride. Su origen es el aceite de coco o de palma, que se esterifica y de ahí sale el ácido esteárico. Después se necesita un agente clorante para lograr el proceso de cuaternización. Para la aprobación de los pocos ingredientes de este tipo que se permiten se asegura que son biodegradables y sin riesgos de seguridad y comprobando que su porcentaje petroquímico es mínimo. Además, si se usa un ingrediente de este tipo en un producto certificado, nunca se podrá indicar en la etiqueta que es 100 % natural, sino que debe indicarse el porcentaje natural real. Sin embargo, hay otros ingredientes de este tipo que no se aprueban en cosmética certificada, pero que a menudo se usan en productos que se venden como naturales, e incluso que se anuncian como 100 % naturales. El más típico de estos tipos de ingredientes es el Behentrimonium Methosulfate (BTMS). Proviene del aceite de colza, de este aceite se separa el ácido behénico y éste se convierte en una amina grasa, finalmente se utiliza metisulfato para formar una sal.  Este ingrediente está considerado como ecotóxico por REACH para los organismos acuáticos y su % de naturalidad no es alto, entre un 60-70 % dependiendo del proveedor.   Los ingredientes de la cosmética econatural Los acondicionadores para el cabello actúan creando una capa sobre el cabello que le da un aspecto más sano y brillante. Para crear esta capa la cosmética econatural utiliza aceites, grasas vegetales o animales, proteínas, aminoácidos o ceras de frutas. También se utilizan alcoholes grasos para mejorar la adhesión del cosmético al cabello. Los aceites vegetales ayudan a reducir la pérdida de agua del cabello, creando una ligera película protectora sobre la fibra capilar. Los más usados son el de coco que penetra la fibra capilar reparándola, el de jojoba que equilibra la producción de grasa, el de ricino que estimula el crecimiento y fortalece las raíces o el de argán que suaviza y da brillo. Las grasas vegetales o mantecas aportan nutrición al cabello como la de karité o la de cacao. A esta base de aceites o grasas vegetales se le añaden otros ingredientes de plantas con distintas propiedades como el romero, que estimula el crecimiento del cabello, la ortiga, que reduce la caída, la camomila, indicada para cabellos rubios y que aclara y da brillo al cabello. También ingredientes minerales, como la arcilla, ideal para cabellos grasos y que limpia en profundidad sin resecar; ingrediente animales como la miel, ideal para cabellos secos o la cera de abeja para dar textura al acondicionador. Un ingrediente natural específicamente utilizado como acondicionador, con muy buenos resultados, es el extracto de rábano (Raphanus Sativus Root Extract) En la formulación econatural se utilizan como emulsionantes derivados de azúcares, lecitina o cera. En el INCI los encontraremos con nombres como Cetearyl Olivate, Gliceril Stearato, Lecithin, Beeswax.   Ejemplo de un acondicionador convencional Una posible fórmula contendría los siguientes ingredientes: Aqua, Cetearyl Alcohol, Dimethicone, Brassicamidopropyl Dimethylamine, Sodium Chloride, Disodium EDTA,

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Por qué no es lo mismo cosmética natural que cosmética natural certificada

El sector de la cosmética es uno de los más afectados por el greenwashing, es decir, el uso de afirmaciones referentes a la sostenibilidad, o más bien a la naturalidad, de los productos sin que sea realmente cierto. La certificación y los sellos que la identifican, claramente marcan una diferencia y ofrece una garantía a las personas consumidoras.   También supone un apoyo importante para los productores y comercializadores. ¿Por qué? La certificación se hace según una cierta norma que debe de estar publicada y disponible para su consulta. Así, lo que se entiende por natural y por ecológico y que ingredientes son admisibles y cuales no, está claro, no está sujeto a las interpretaciones de cada persona. Los consumidores no tienen por qué ser expertos en cosmética natural para comprar productos que realmente son lo que aseguran ser. Solo tienen que conocer los sellos e indicaciones de las certificaciones verdaderas. Son pocos y fáciles de conocer. Además, la certificación es especialmente relevante en sectores que no están regulados oficialmente, como el de la cosmética natural y ecológica. Por eso también es importante conocer los sellos de las certificadoras profesionales, y no fiarse de los que otorgan empresas que no son certificadoras. Por otro lado, para los laboratorios productores de cosmética la supervisión externa por parte de un organismo independiente supone una gran ayuda. El principio de que «cuatro ojos ven más que dos» se puede aplicar plenamente a los cosméticos, donde hay tantos detalles que tener en cuenta y a revisar antes de lanzar un producto al mercado que siempre puede escaparse algo.     Por qué es tan importante la certificación en lo que respecta a los ingredientes: Para todos aquellos que están acostumbrados a tratar con cuestiones de certificación, está claro que un producto que afirma ser ecológico debe contar con un certificado expedido por un organismo de certificación reconocido y de acuerdo con una norma publicada. Pero no todo el mundo tiene tan claro este concepto básico. Los laboratorios sin experiencia en cosmética ecológica pueden aceptar ingredientes de sus proveedores sin exigirles su certificado; incluso es habitual que tanto productores con poca experiencia como comercializadores y clientes, no tengan claro la diferencia entre los conceptos “natural” y “ecológico”.  Y por esto pasa a veces que hay proveedores que venden ingredientes no ecológicos como ecológicos, y también hay cosméticos que se venden como ecológicos solo porque el laboratorio o el comerciante utiliza la palabra «ecológico» o «bio» en la etiqueta sin ningún fundamento. Si el producto cosmético está certificado con una certificadora profesional reconocida es seguro que, si un ingrediente se identifica como ecológico, lo es, porque se ha verificado. Además de identificar claramente qué ingredientes pueden ser aprobados y cuáles son ecológicos, la cosmética tiene una peculiaridad: que hay bastantes ingredientes con el mismo nombre INCI (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos) que pueden ser de origen natural o petroquímico. Esto ocurre porque el nombre INCI corresponde a la estructura química del ingrediente, no a su origen. La composición química de los ingredientes petroquímicos está formada por combinaciones de C, H, O y N, al igual que los ingredientes naturales. Por lo tanto, no hay forma de saber si son naturales o no, a menos que se haya revisado cuidadosamente toda su documentación técnica. Algunos ejemplos: Hay ingredientes como el propanediol, cuyo nombre suena a sustancia química, pero que puede ser natural. Es un humectante que se utiliza como disolvente o como agente controlador de la viscosidad. Su estructura química es C3H8O2, y tiene esta misma fórmula tanto si se deriva de plantas como del petróleo, por lo que se denomina propanediol en ambos casos. Si es de origen petroquímico, procede del refinado del petróleo o del gas natural. Existen diferentes métodos para obtener propanediol de este origen. Uno de ellos es mediante un proceso de oxidación, en el que se obtiene óxido de propileno y, a partir de este, mediante hidrólisis, se obtiene propanediol. Si es de origen natural, proviene del azúcar de plantas como el maíz. A continuación, se lleva a cabo un proceso de fermentación, utilizando diferentes microorganismos, como la bacteria Clostridium botycurom. Si el propanediol es de origen natural, tanto la planta de la que procede (el maíz) como las bacterias utilizadas para el proceso de fermentación pueden ser de origen transgénico. Este es otro aspecto que comprueba la certificación de cosméticos naturales, para evitar que se utilicen transgénicos. Hay otros ingredientes con nombres que suenan naturales, pero que también pueden ser de origen petroquímico. Por ejemplo, el mentol. Este ingrediente se puede utilizar como aroma en perfumes y también tiene propiedades calmantes para el picor, refrescantes, antibacterianas y estimulantes de la circulación sanguínea. Si es natural, es un alcohol que se encuentra presente en los aceites esenciales de algunas especies de menta. El mentol natural proviene de la Menta piperita o la Menta arvensis. El proceso comienza con la destilación al vapor de las hojas de menta, donde se obtiene el aceite esencial de menta. El aceite contiene varios compuestos, entre ellos mentol, mentona, limoneno, etc. A continuación, mediante cristalización fraccionada o enfriamiento del aceite, el mentol cristaliza debido a su bajo punto de fusión (~42-44 °C) y, finalmente, los cristales de mentol se separan por filtración. Si el mentol se produce mediante síntesis química, se pueden aplicar diferentes métodos. Uno de los más habituales utiliza m-cresol (procedente del tolueno y del fenol) como punto de partida. El m-cresol se alquila para formar timol y, a continuación, el timol se hidrogena catalíticamente para obtener mentol. Como nota adicional, podemos comentar en este punto que muchas sustancias que forman parte de los perfumes como el timol, el limoneno, el linalool, el geraniol, el eucaliptol y otras, también pueden ser de origen natural o petroquímico. Hay otra posible consideración con respecto a los ingredientes de los cosméticos: los que provienen de origen natural, pero que, debido a su método de extracción, contienen un porcentaje significativo de moléculas petroquímicas, lo que significa que no

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GREENWASHING EN COSMÉTICA

En la jungla actual de sellos y reivindicaciones en cosmética es fácil perderse. Dado que no hay una definición oficial de lo que es cosmética natural ni ecológica, ni un reglamento que se aplique para este campo, lo único que puede orientar al consumidor concienciado es un sello en la etiqueta. Pero un sello debe significar algo, y el consumidor debe saber lo que significa. Si no, el sello no será más que un adorno más o menos vistoso en el diseño de la etiqueta. En el mercado encontramos distintas estrategias para vender cosmética como verde sin que realmente lo sea. A veces se trata simplemente de usar un envase o una etiqueta de color verde, incluir en la etiqueta imágenes de ingredientes naturales como flores o frutas cuando, si revisamos la lista de ingredientes, su presencia es insignificante o incluso ni siquiera la contiene. Otras veces se utiliza el propio envase para dar esa imagen de ecológico con alusiones tipo “zero plastic” o “ecopack” cuando el producto no tiene nada de natural ni ecológico.  A veces las empresas ponen en la etiqueta sellos que no significan nada o que ofrecen pocas garantías. Y, por último, la forma más frecuente es el uso de reivindicaciones en la etiqueta con alusiones a una pretendida naturalidad de producto con términos ambiguos como “natural”, “bio”, “sostenible”, “sin sulfatos”, “biodegradable”, etc.   CLAIMS A LA CARTA Una de las estrategias más utilizadas en el sector cosmético para vender es el uso de reivindicaciones o “claims” en la etiqueta. Las marcas utilizan como reclamo términos que entienden serán bien recibidos por las personas consumidoras. A veces estas reivindicaciones se sostienen en algo real, otras veces no son más que interpretaciones optimistas de las marcas para resultar más atractivas. A veces es simplemente un engaño al consumidor para vender más pretendiendo que el producto es ecológico o natural. Hay muchos claims que no responden estrictamente a la verdad sobre lo que contiene el producto. Sería el caso de “toxic free” porque es un término demasiado general y un cosmético, por muy natural que sea, puede ser tóxico para una persona que sea alérgica a uno de sus ingredientes.  Y en este mismo ámbito, términos como “100 % sostenible” no tienen sentido, porque ¿cómo se mide la sostenibilidad para concluir esa cifra del 100 %? Las cifras que se indiquen en las etiquetas tienen que tener significado. Otro claim que se usa mucho es el de “Zero waste”, pero no hay ninguna actividad que lleven a cabo los seres humanos que no genere algún residuo. En el afán de destacar los productos que se venden, se hacen muchos claims de este estilo, exagerados, sin sentido o directamente falsos. Sin embargo, cuando los claims son reales y justos, son una información muy valiosa y práctica para los consumidores.   EL LABERINTO DE LAS CERTIFICACIONES Lo lógico sería pensar que lo más fiable es comprar productos certificados. Esto significa que una cierta entidad, siguiendo una cierta Norma escrita que define los criterios para considerar un producto cosmético como natural o ecológico, haya revisado que los productos cosméticos cumplen con esa Norma y por lo tanto pueden hacer uso de un sello, con un cierto significado. El problema es que no todas las certificaciones son iguales, ni todo lo que se presenta o se percibe como una certificación, lo es. Es fundamental que quien emita los certificados sea una certificadora profesional, que esté registrada para tal actividad y que esté acreditada. La acreditación es como la certificación para las certificadoras; hay una entidad externa (el organismo de acreditación) que controla que la certificadora está capacitada para ofrecer estos servicios y que lo hace correctamente.   La certificación es un proceso complejo y, por ello, caro. A veces, las empresas, en su búsqueda de un precio más asequible caen en manos de entidades que lo que ofrecen es un sello. Este sello se basa frecuentemente en una simple revisión del listado de ingredientes que lleva el producto, pero sin profundizar excesivamente y sin visitas al lugar de elaboración. Teniendo en cuenta que muchos ingredientes pueden ser naturales o petroquímícos con el mismo nombre INCI (nomenclatura usada en cosmética para los ingredientes), una simple comprobación de un listado de nombres sin revisión de su información técnica y sin inspección al laboratorio, no supone en absoluto una garantía de la naturalidad del producto. La única garantía es buscar producto certificado por una entidad de confianza que sea una certificadora auténtica, con todos los requisitos que ello supone. En nuestro país estaríamos hablando de certificaciones como COSMOS, NATRUE o BioVidaSana.   Montse Escutia. Asociación Vida Sana Nuria Alonso. Certificación BioVidasana   Publicado en el Anuario Alerta Greenwashing 2025 impulsado por el Colectivo Alerta Greenwashing https://revistas.colex.es/index.php/empresasyderechoshumanos/article/view/651/1010

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COMPARANDO SERUMS ANTIEDAD ¿LUJO O CALIDAD?

La industria de la cosmética nos inunda con eslóganes y nombres de ingredientes con el objetivo de dar a la cosmética antiedad una pátina de ciencia que nos va a permitir la eterna juventud. La estrategia de márqueting suele basarse en elegir dos o tres ingredientes activos contenidos en el cosmético con nombres exóticos como té de kombucha, trufa negra o flor de cabeza de dragón, o científicos como micropéptidos, polifenoles, niacinamida, etc. y ponerlos en el centro del mensaje. Pero se olvida la base fundamental de la formulación, el excipiente, que es la base donde se diluyen los principios activos y que está en mayor cantidad en el cosmético. Las personas tendemos a creer que cuanto más caro es un producto más vale la pena comprarlo. En cosmética se asocia el precio a la eficacia. En la cosmética de lujo el envase, la marca y la imagen en general, es lo principal. El concepto “lujo” está psicológicamente asociado a la exclusividad y la diferenciación de las personas que pueden acceder a él con el resto de la sociedad. Se trata de poder comprar un producto cuyo nombre se asocia al lujo y que no todo el mundo pueda permitirse por su elevado precio. La calidad o eficacia del producto no son tan importantes. Y así es como nos encontramos con productos de lujo, en los que el excipiente, aquel ingrediente que encontramos en las primeras posiciones de la lista del código INCI, puede ser simplemente agua o alcohol, o una grasa proveniente del petróleo como las siliconas sintéticas o la dimeticona. Podemos estar pagando agua e ingredientes de origen petroquímico a precio de oro o, peor aún, gastarnos mucho dinero por algo que podría perjudicar nuestra salud y contamina el medio ambiente. Un serum es una formulación que tiene las mismas funciones que una crema, pero con una textura más fluida y una mayor concentración de principios activos. Por ello es una fórmula muy utilizada en los productos de tratamiento antiedad. La base puede ser el agua, con una textura más acuosa, o un aceite, con una textura más grasosa. En la cosmética convencional si la base es un aceite suelen ser polímeros plásticos líquidos, obtenidos del petróleo, igual que el resto de plásticos. Entre este tipo de plásticos hay algunos con un claro impacto ambiental entre los que encontramos Dimethicone, Carbomer, Acrylates Copolymer, Phatalate y en general los que contienen el término Acrylate, y otros donde existen más dudas sobre dicho impacto como los ingredientes que contienen PEG y la terminación “eth” (Ceteareth, Ceteth, etc). Un ingrediente estrella de los serum es el ácido hialurónico por su potente acción hidratante, actuando como lubricante de las fibras de colágeno y elastina para que no pierdan su elasticidad. Tradicionalmente se obtenía de animales como las aletas de tiburón, pero hoy en día se obtiene principalmente por biofermentación con bacterias, que en el caso de cosmética no certifica, es habitual que sean bacterias modificadas genéticamente. También existe el AH obtenido mediante síntesis química, aunque es menos frecuente por ser proceso muy complejo y costoso. En este caso, el producto final no es exactamente un producto de origen petroquímico, pero sí se han utilizado para su obtención reactivos orgánicos, solventes y agentes activantes que suelen provenir de la industria petroquímica.   Los ingredientes de la cosmética econatural En los sueros antiedad propuestos por la cosmética econatural certificada encontramos solo ingredientes naturales. Si la base es un aceite se incluyen aceites vegetales como el de oliva, argán, almendra, jojoba etc. con propiedades que protegen la piel frente el envejecimiento. El aceite de argán, proveniente de árbol de argán, especie autóctona de Marruecos, es protector, revitalizante y tonificante, y posee propiedades antioxidantes. El aceite de jojoba penetra fácilmente en la piel, sin dejar una película grasa, y ayuda a reducir la aparición de arrugas profundas. Estos dos aceites tienen propiedades antioxidantes por lo que protegen la piel de los daños causados por los radicales libres, retrasando los signos del envejecimiento. Otro aceite muy indicado es el aceite de rosa mosqueta que favorece la síntesis de colágeno y previene las arrugas. Como agente suavizante, devuelve elasticidad y firmeza a la piel, por lo que está muy recomendado para pieles maduras. En cosmética econatural también encontramos el ácido hialurónico como ingrediente, pero su obtención por biofermentación siempre se realiza por levaduras no modificadas genéticamente. Los aceites esenciales con propiedades antiinflamatorias y antioxidantes son los más indicados para las formulaciones antienvejecimiento. Sería el caso de los aceites esenciales de incienso, rosa búlgara, ylang ylang o mirra.   Comparandos serums antiedad: ecológico certificado y convencional Este es un serum de una famosa marca de lujo. Una unidad de 30 ml de este producto cuesta 97,90 €, y sus ingredientes son: Water, Dimethicone, Glycerin, Butylene Glycol, Isohexadecane, Bis-PEG-18 Methyl Ether Dimethyl Silane, PEG-10 Dimethicone, Disteardimonium Hectorite, Bifida Ferment Filtrate, Isopropyl Isostearate, PPG-15 Stearyl Ether, Tripeptide-32, Acetyl Hexapeptide-8, Hexapeptide-9, Bifida Ferment Lysate, Adansonia Digitata Seed Extract, Sodium Hyaluronate, Lactobacillus Ferment, Yeast Extract, Aminopropyl Ascorbyl Phosphate, Laminaria Digitata Extract, Tocopherol, Tocopheryl Acetate, Caffeine, Algae Extract, Hydrolyzed Algin, Whey Protein, Helianthus Annuus Seed Extract, Citrullus Lanatus Fruit Extract, Lens Esculenta Fruit Extract, Pyrus Malus Fruit Extract, Hordeum Vulgare Extract, Glycine Soja Seed Extract, Cucumis Sativus Fruit Extract, Anthemis Nobilis Flower Extract, Betula Alba Bark Extract, Propylene Glycol Dicaprate, Sodium Polyaspartate, Sodium Lactate, Ethylhexylglycerin, Glucose, Sucrose, Fructose, Polyacrylate Crosspolymer-6, 1,2-Hexanediol, Propylene Carbonate, Polysilicone-11, Hydroxyacetophenone, Lecithin, BHT, Disodium EDTA, Phenoxyethanol, Sodium Dehydroacetate, Potassium Sorbate, Sodium Benzoate, Iron Oxides. Como se ve, contiene muchos ingredientes, pero los que se encuentran en mayor cantidad son agua y dimeticona; además contiene muchos otros ingredientes de origen petroquímico. Los ingredientes subrayados son, o directamente de origen petroquímico, u obtenidos mediante solventes y reactivos de este origen. Además, la Glicerina, el Butylene Glicol, el Isopropyl Isostearate, el Tripeptide-32 , Sodium Hyaluronate, Tocopheryl Acetate, Caffeine, Sodium Polyaspartate y el Sodium Lactate pueden ser de origen natural o petroquímico. No se puede saber sin consultar la información técnica completa del

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Entrevista a Camassia – COSMÉTICA NATURAL CASERA

La cosmética también se ha apuntado al carro del “hazlo tu misma” En el mercado encontramos ejemplos de marcas de cosmética que empezaron en una cocina y crecieron con el impulso de una persona que convirtió su afición en una forma de vida. Y también a muchas personas que simplemente les gusta elaborar parte de los cosméticos que luego van a utilizar o a regalar. Hoy en día podemos encontrar de forma fácil los materiales para hacerlo y mucha información para iniciarnos en ello. Hablamos con Sergio Sevilla Ruiz y Andrea Berndl gerentes y fundadores de la empresa Camassia ECO que comercializan sus productos a través de “Cosmética Natural Casera Shop» y tienen sus ingredientes ecológicos y también muchos de los naturales, certificados con BioVidaSana.     ¿Por qué prepararse los propios cosméticos? Cada vez más personas se animan a preparar sus propios cosméticos, y las razones son variadas. La principal es el control: cuando elaboras tus productos sabes exactamente qué ingredientes estás aplicando sobre tu piel y puedes evitar químicos agresivos, conservantes sintéticos o perfumes artificiales. También está la posibilidad de personalizar las fórmulas según las necesidades de cada piel o cabello. Muchas personas con problemas o intolerancias se benefician enormemente al elaborar su propia cosmética. Además, suman el ahorro económico y el aspecto sostenible. Para muchos, es también una forma de expresar su creatividad y disfrutar del proceso. Hacer cosmética casera tiene muchas ventajas, como obtener productos frescos, naturales y adaptados a ti, pero también algunos inconvenientes: requieren más cuidado en la conservación, ya que al no llevar conservantes industriales suelen tener menor duración, y es necesario ser muy estrictos con la higiene para evitar contaminaciones. Al principio también hay un proceso de prueba y error hasta dar con la fórmula adecuada. Por eso, desarrollamos fórmulas acompañadas de tutoriales en video, para que nuestros clientes puedan seguir instrucciones claras y sencillas, paso a paso. Otra opción muy interesante, ideal para principiantes, pero también para empresas, son nuestros productos base, que pueden personalizarse con diferentes activos según las necesidades de cada cliente. ¡Más sencillo, imposible! ¿Qué se necesita para hacer cosmética natural casera? Para empezar no se necesita un gran laboratorio, basta con un pequeño kit básico: recipientes de vidrio o acero inoxidable, cucharas medidoras, una báscula de precisión, batidora manual o varilla, termómetro y envases para guardar las preparaciones. Es importante trabajar en un espacio limpio con superficies fáciles de desinfectar. ¿Cuáles son los principales ingredientes que suelen usarse en cosmética casera natural? Los ingredientes más comunes en cosmética natural casera suelen ser aceites vegetales como el de coco o jojoba; mantecas como la de karité o cacao; hidrolatos o aguas florales; extractos naturales y aceites esenciales. Además, contamos con activos muy demandados, como el Bakuchiol o el llamado “Botox vegetal”. ¿Toda la cosmética casera es natural? No, no toda la cosmética casera es necesariamente natural. Algunas recetas incluyen ingredientes de síntesis, como fragancias o colorantes, de modo que depende de la elección personal de cada uno. Nosotros hemos decidido ofrecer insumos naturales y de calidad. ¿Qué recomendaciones daríais para iniciarse? Recomendamos comenzar con preparaciones sencillas, apoyarse en tutoriales paso a paso y consultar siempre que surjan dudas. Al final, el ingrediente más importante son las ganas de experimentar y crear con confianza. ¿Cuáles son los principales errores cuando se empieza? Es fundamental etiquetar cada producto con la fecha de elaboración, aprender a usar correctamente los aceites esenciales y no descuidar la higiene. Los errores más frecuentes suelen ser no medir con precisión, no usar conservantes en productos que contienen agua, abusar de aceites esenciales o guardar los cosméticos en lugares poco adecuados. En las formulaciones con fase acuosa y oleosa puede suceder que, al emulsionarlas, no se logre la textura buscada por eso es importante seguir cada paso con precisión, respetando temperaturas, tiempos de mezclado y proporciones. ¿Dónde aprender más? Estamos siempre disponibles para nuestros clientes, brindando consejos y asesoramiento personalizado. Además, en nuestra web ofrecemos una amplia variedad de recetas comprobadas. Existen múltiples recursos para profundizar en este campo: libros, talleres, cursos online especializados y formaciones profesionales. Hablemos ahora sobre Cosmética Natural Casera Shop: para poder vender ingredientes a particulares que hacen su propia cosmética en casa: ¿cómo seleccionáis los ingredientes? Contamos con criterios de calidad que deben cumplir todos nuestros proveedores. Siempre que es posible, damos prioridad a la versión ecológica y a productos de origen europeo, aunque sabemos que no siempre es viable. Además, aplicamos otros criterios, como optar por la versión certificada RSPO, siempre que esté disponible, aunque su precio sea superior al de la versión convencional. También priorizamos productos cuya calidad cumpla con los estándares de la Farmacopea Europea. Tenéis muchísimos ingredientes en vuestro catálogo, muchos están certificados por distintas certificaciones, otros no ¿cuál es el criterio en este sentido? Buscamos siempre ingredientes certificados porque entendemos que aportan valor y seguridad a nuestros clientes. No obstante, en ocasiones no es factible por la naturaleza del producto o por las condiciones del mercado. El cultivo ecológico implica un coste más alto y, por lo general, cosechas más pequeñas en comparación con el cultivo convencional. Además, hay productos que, aunque nos gustaría ofrecer en calidad ecológica, simplemente no existen en el mercado: por razones climáticas, técnicas o económicas, no siempre es posible cultivarlos de forma ecológica. Por ello, en algunos casos ofrecemos diferentes calidades, para poder adaptarnos a las necesidades y preferencias de cada cliente. Hay quienes prefieren reservar el aceite ecológico, de mayor calidad y precio, para elaborar cremas faciales, mientras que otros optan por aceites de cultivo convencional más económicos para experimentar, practicar o hacer sus primeros jabones caseros. ¿Cómo se organiza la logística? Debe ser complicado recoger, preparar y servir tantos pedidos de diferentes ingredientes en pequeñas cantidades Sí, es todo un reto, pero gracias a un sólido sistema interno de trazabilidad de productos y lotes, podemos localizarlos fácilmente en cualquier momento. Otro desafío importante es mantener un buen servicio posventa, especialmente durante los períodos de alta demanda —como a finales de noviembre

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