El sector de la cosmética es uno de los más afectados por el greenwashing, es decir, el uso de afirmaciones referentes a la sostenibilidad, o más bien a la naturalidad, de los productos sin que sea realmente cierto. La certificación y los sellos que la identifican, claramente marcan una diferencia y ofrece una garantía a las personas consumidoras.  

También supone un apoyo importante para los productores y comercializadores.

¿Por qué?

  • La certificación se hace según una cierta norma que debe de estar publicada y disponible para su consulta. Así, lo que se entiende por natural y por ecológico y que ingredientes son admisibles y cuales no, está claro, no está sujeto a las interpretaciones de cada persona.
  • Los consumidores no tienen por qué ser expertos en cosmética natural para comprar productos que realmente son lo que aseguran ser. Solo tienen que conocer los sellos e indicaciones de las certificaciones verdaderas. Son pocos y fáciles de conocer.
  • Además, la certificación es especialmente relevante en sectores que no están regulados oficialmente, como el de la cosmética natural y ecológica. Por eso también es importante conocer los sellos de las certificadoras profesionales, y no fiarse de los que otorgan empresas que no son certificadoras.
  • Por otro lado, para los laboratorios productores de cosmética la supervisión externa por parte de un organismo independiente supone una gran ayuda. El principio de que «cuatro ojos ven más que dos» se puede aplicar plenamente a los cosméticos, donde hay tantos detalles que tener en cuenta y a revisar antes de lanzar un producto al mercado que siempre puede escaparse algo.

 

 

Por qué es tan importante la certificación en lo que respecta a los ingredientes:

Para todos aquellos que están acostumbrados a tratar con cuestiones de certificación, está claro que un producto que afirma ser ecológico debe contar con un certificado expedido por un organismo de certificación reconocido y de acuerdo con una norma publicada.

Pero no todo el mundo tiene tan claro este concepto básico. Los laboratorios sin experiencia en cosmética ecológica pueden aceptar ingredientes de sus proveedores sin exigirles su certificado; incluso es habitual que tanto productores con poca experiencia como comercializadores y clientes, no tengan claro la diferencia entre los conceptos “natural” y “ecológico”.  Y por esto pasa a veces que hay proveedores que venden ingredientes no ecológicos como ecológicos, y también hay cosméticos que se venden como ecológicos solo porque el laboratorio o el comerciante utiliza la palabra «ecológico» o «bio» en la etiqueta sin ningún fundamento.

Si el producto cosmético está certificado con una certificadora profesional reconocida es seguro que, si un ingrediente se identifica como ecológico, lo es, porque se ha verificado.

Además de identificar claramente qué ingredientes pueden ser aprobados y cuáles son ecológicos, la cosmética tiene una peculiaridad: que hay bastantes ingredientes con el mismo nombre INCI (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos) que pueden ser de origen natural o petroquímico.

Esto ocurre porque el nombre INCI corresponde a la estructura química del ingrediente, no a su origen. La composición química de los ingredientes petroquímicos está formada por combinaciones de C, H, O y N, al igual que los ingredientes naturales. Por lo tanto, no hay forma de saber si son naturales o no, a menos que se haya revisado cuidadosamente toda su documentación técnica.

Algunos ejemplos:

Hay ingredientes como el propanediol, cuyo nombre suena a sustancia química, pero que puede ser natural. Es un humectante que se utiliza como disolvente o como agente controlador de la viscosidad. Su estructura química es C3H8O2, y tiene esta misma fórmula tanto si se deriva de plantas como del petróleo, por lo que se denomina propanediol en ambos casos.

Si es de origen petroquímico, procede del refinado del petróleo o del gas natural. Existen diferentes métodos para obtener propanediol de este origen. Uno de ellos es mediante un proceso de oxidación, en el que se obtiene óxido de propileno y, a partir de este, mediante hidrólisis, se obtiene propanediol.

Si es de origen natural, proviene del azúcar de plantas como el maíz. A continuación, se lleva a cabo un proceso de fermentación, utilizando diferentes microorganismos, como la bacteria Clostridium botycurom.

Si el propanediol es de origen natural, tanto la planta de la que procede (el maíz) como las bacterias utilizadas para el proceso de fermentación pueden ser de origen transgénico. Este es otro aspecto que comprueba la certificación de cosméticos naturales, para evitar que se utilicen transgénicos.

Hay otros ingredientes con nombres que suenan naturales, pero que también pueden ser de origen petroquímico. Por ejemplo, el mentol. Este ingrediente se puede utilizar como aroma en perfumes y también tiene propiedades calmantes para el picor, refrescantes, antibacterianas y estimulantes de la circulación sanguínea.

Si es natural, es un alcohol que se encuentra presente en los aceites esenciales de algunas especies de menta. El mentol natural proviene de la Menta piperita o la Menta arvensis. El proceso comienza con la destilación al vapor de las hojas de menta, donde se obtiene el aceite esencial de menta. El aceite contiene varios compuestos, entre ellos mentol, mentona, limoneno, etc. A continuación, mediante cristalización fraccionada o enfriamiento del aceite, el mentol cristaliza debido a su bajo punto de fusión (~42-44 °C) y, finalmente, los cristales de mentol se separan por filtración.

Si el mentol se produce mediante síntesis química, se pueden aplicar diferentes métodos. Uno de los más habituales utiliza m-cresol (procedente del tolueno y del fenol) como punto de partida. El m-cresol se alquila para formar timol y, a continuación, el timol se hidrogena catalíticamente para obtener mentol.

Como nota adicional, podemos comentar en este punto que muchas sustancias que forman parte de los perfumes como el timol, el limoneno, el linalool, el geraniol, el eucaliptol y otras, también pueden ser de origen natural o petroquímico.

Hay otra posible consideración con respecto a los ingredientes de los cosméticos: los que provienen de origen natural, pero que, debido a su método de extracción, contienen un porcentaje significativo de moléculas petroquímicas, lo que significa que no son totalmente naturales.

Un ejemplo de ello es el Sodium Cocoyl Isethionate, conocido como SCI. Se trata de un tensioactivo muy utilizado para fabricar productos cosméticos sólidos, como champús sólidos, ya que es un ingrediente sólido, no líquido como los tensioactivos que se utilizan para fabricar champús líquidos y geles de baño. También se puede utilizar como acondicionador del cabello.

El producto final solo es natural en un 70 % aproximadamente y, teniendo en cuenta que los tensioactivos suelen ser el ingrediente principal de la fórmula de un champú, los productos cosméticos que utilizan SCI no pueden considerarse en absoluto productos naturales. Ninguna de las normas y certificaciones serias sobre cosmética natural aprueba este ingrediente. Sin embargo, a menudo se pueden encontrar en el mercado productos cosméticos que utilizan SCI y que afirman ser naturales, o incluso «100 % naturales», imposible para un producto que se ha obtenido usando óxido de etileno.

En conclusión: la cosmética es un tema complejo, y cualquier simplificación en las afirmaciones y mensajes dirigidos a los consumidores suele ser engañosa. Por lo tanto, la labor de cuidadosa revisión de ingredientes y fórmulas que se hace en la certificación es fundamental.

Montse Escutia. Asociación Vida Sana

Nuria Alonso. Certificación BioVidasana