Certificación de cosmética BioVidaSana

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¿Quieres informarte sobre lo que es de verdad la cosmética natural?

Comparando acondicionadores de pelo

Podemos encontrar precursores de los acondicionadores de pelo en los aceites naturales que antiguamente se utilizaban para suavizar y perfumar el pelo como el de oliva, coco o argán. Durante la Edad Media se empleaban grasas animales o vegetales mezcladas con aceites esenciales para cubrir la falta de higiene. Pero su verdadero origen es la mala calidad de los primeros champús que empezaron a comercializarse durante la Revolución Industrial. Eran tan agresivos que dejaban el pelo en malas condiciones y se empezaron a buscar soluciones para “acondicionar” el pelo después del lavado. Uno de los hitos en la evolución de estos acondicionadores fue el uso de las siliconas por sus propiedades suavizantes y antienredantes, a la vez que son ligeras. Las siliconas son polímeros de silicio y oxígeno, diferentes de los plásticos que son polímeros de carbono e hidrógeno. Sin embargo, las siliconas son compuestos sintéticos muy resistentes a la degradación que, como el plástico, están relacionadas con problemas ambientales y también sobre la salud. Las siliconas también tienen efecto de disruptores endocrinos, especialmente debido a los aditivos que las acompañan. Algunas de ellas, como el cyclopentasiloxane  (D5) ya tienen restricciones de uso en la UE.  Por ello, a pesar de sus propiedades, deberíamos evitar su presencia en los acondicionadores de pelo.   Hay otros ingredientes que son poco recomendables y que encontramos con frecuencia en los acondicionadores: El disulfuro de selenio es un producto anticaspa. Se cree que es neurotóxico y está clasificado como posible carcinógeno por ello su uso está restringido y su presencia debe advertirse en la etiqueta. Los compuestos de amonio cuaternario (quats y poliquats) son cáusticos e irritantes de ojos. Una parte importante de la población es alérgica y pueden producir dermatitis de contacto y síntomas asmáticos. Cuando se utilizan en duchas de agua caliente aumenta su inhalación. Los encontramos en el INCI con los siguientes nombres: Benzalkonium, Cetrimonium, Quaternium, Polyquaternium, derivados cuaternizados de la Etilendiamina o de la Polietilenimina como la Estearamidopropil Dimetilamina y Hydroxy Propyltrimonium Chloride. Los emulsionantes sirven para mejorar la viscosidad y la penetración del producto en el cabello y son los responsables de la típica textura cremosa de los acondicionadores. Los derivados del petróleo suelen llevar asociados dioxinas en forma de contaminantes que son reconocidos carcinógenos y no es posible distinguir qué productos están contaminados y cuáles no. Lo son todos los ingredientes que contengan las palabras PEG, PPG, Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, Hydroxypropyl o la terminación “eth”. Ingredientes no totalmente naturales: Los acondicionadores de cabello son uno de los productos más difíciles de conseguir en cosmética natural; al menos para conseguir una textura y un efecto similar al que tienen los acondicionadores convencionales, al que muchas personas consumidoras están acostumbradas. Por eso las normas para cosmética natural certificada suelen aceptar, como excepción al criterio general, algunos ingredientes que son de origen natural, pero que, debido a su método de obtención, tienen un pequeño porcentaje de moléculas petroquímicas en su composición final. Un ejemplo de este tipo de ingredientes es el Distearoylethyl Dimonium Chloride. Su origen es el aceite de coco o de palma, que se esterifica y de ahí sale el ácido esteárico. Después se necesita un agente clorante para lograr el proceso de cuaternización. Para la aprobación de los pocos ingredientes de este tipo que se permiten se asegura que son biodegradables y sin riesgos de seguridad y comprobando que su porcentaje petroquímico es mínimo. Además, si se usa un ingrediente de este tipo en un producto certificado, nunca se podrá indicar en la etiqueta que es 100 % natural, sino que debe indicarse el porcentaje natural real. Sin embargo, hay otros ingredientes de este tipo que no se aprueban en cosmética certificada, pero que a menudo se usan en productos que se venden como naturales, e incluso que se anuncian como 100 % naturales. El más típico de estos tipos de ingredientes es el Behentrimonium Methosulfate (BTMS). Proviene del aceite de colza, de este aceite se separa el ácido behénico y éste se convierte en una amina grasa, finalmente se utiliza metisulfato para formar una sal.  Este ingrediente está considerado como ecotóxico por REACH para los organismos acuáticos y su % de naturalidad no es alto, entre un 60-70 % dependiendo del proveedor.   Los ingredientes de la cosmética econatural Los acondicionadores para el cabello actúan creando una capa sobre el cabello que le da un aspecto más sano y brillante. Para crear esta capa la cosmética econatural utiliza aceites, grasas vegetales o animales, proteínas, aminoácidos o ceras de frutas. También se utilizan alcoholes grasos para mejorar la adhesión del cosmético al cabello. Los aceites vegetales ayudan a reducir la pérdida de agua del cabello, creando una ligera película protectora sobre la fibra capilar. Los más usados son el de coco que penetra la fibra capilar reparándola, el de jojoba que equilibra la producción de grasa, el de ricino que estimula el crecimiento y fortalece las raíces o el de argán que suaviza y da brillo. Las grasas vegetales o mantecas aportan nutrición al cabello como la de karité o la de cacao. A esta base de aceites o grasas vegetales se le añaden otros ingredientes de plantas con distintas propiedades como el romero, que estimula el crecimiento del cabello, la ortiga, que reduce la caída, la camomila, indicada para cabellos rubios y que aclara y da brillo al cabello. También ingredientes minerales, como la arcilla, ideal para cabellos grasos y que limpia en profundidad sin resecar; ingrediente animales como la miel, ideal para cabellos secos o la cera de abeja para dar textura al acondicionador. Un ingrediente natural específicamente utilizado como acondicionador, con muy buenos resultados, es el extracto de rábano (Raphanus Sativus Root Extract) En la formulación econatural se utilizan como emulsionantes derivados de azúcares, lecitina o cera. En el INCI los encontraremos con nombres como Cetearyl Olivate, Gliceril Stearato, Lecithin, Beeswax.   Ejemplo de un acondicionador convencional Una posible fórmula contendría los siguientes ingredientes: Aqua, Cetearyl Alcohol, Dimethicone, Brassicamidopropyl Dimethylamine, Sodium Chloride, Disodium EDTA,

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Por qué no es lo mismo cosmética natural que cosmética natural certificada

El sector de la cosmética es uno de los más afectados por el greenwashing, es decir, el uso de afirmaciones referentes a la sostenibilidad, o más bien a la naturalidad, de los productos sin que sea realmente cierto. La certificación y los sellos que la identifican, claramente marcan una diferencia y ofrece una garantía a las personas consumidoras.   También supone un apoyo importante para los productores y comercializadores. ¿Por qué? La certificación se hace según una cierta norma que debe de estar publicada y disponible para su consulta. Así, lo que se entiende por natural y por ecológico y que ingredientes son admisibles y cuales no, está claro, no está sujeto a las interpretaciones de cada persona. Los consumidores no tienen por qué ser expertos en cosmética natural para comprar productos que realmente son lo que aseguran ser. Solo tienen que conocer los sellos e indicaciones de las certificaciones verdaderas. Son pocos y fáciles de conocer. Además, la certificación es especialmente relevante en sectores que no están regulados oficialmente, como el de la cosmética natural y ecológica. Por eso también es importante conocer los sellos de las certificadoras profesionales, y no fiarse de los que otorgan empresas que no son certificadoras. Por otro lado, para los laboratorios productores de cosmética la supervisión externa por parte de un organismo independiente supone una gran ayuda. El principio de que «cuatro ojos ven más que dos» se puede aplicar plenamente a los cosméticos, donde hay tantos detalles que tener en cuenta y a revisar antes de lanzar un producto al mercado que siempre puede escaparse algo.     Por qué es tan importante la certificación en lo que respecta a los ingredientes: Para todos aquellos que están acostumbrados a tratar con cuestiones de certificación, está claro que un producto que afirma ser ecológico debe contar con un certificado expedido por un organismo de certificación reconocido y de acuerdo con una norma publicada. Pero no todo el mundo tiene tan claro este concepto básico. Los laboratorios sin experiencia en cosmética ecológica pueden aceptar ingredientes de sus proveedores sin exigirles su certificado; incluso es habitual que tanto productores con poca experiencia como comercializadores y clientes, no tengan claro la diferencia entre los conceptos “natural” y “ecológico”.  Y por esto pasa a veces que hay proveedores que venden ingredientes no ecológicos como ecológicos, y también hay cosméticos que se venden como ecológicos solo porque el laboratorio o el comerciante utiliza la palabra «ecológico» o «bio» en la etiqueta sin ningún fundamento. Si el producto cosmético está certificado con una certificadora profesional reconocida es seguro que, si un ingrediente se identifica como ecológico, lo es, porque se ha verificado. Además de identificar claramente qué ingredientes pueden ser aprobados y cuáles son ecológicos, la cosmética tiene una peculiaridad: que hay bastantes ingredientes con el mismo nombre INCI (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos) que pueden ser de origen natural o petroquímico. Esto ocurre porque el nombre INCI corresponde a la estructura química del ingrediente, no a su origen. La composición química de los ingredientes petroquímicos está formada por combinaciones de C, H, O y N, al igual que los ingredientes naturales. Por lo tanto, no hay forma de saber si son naturales o no, a menos que se haya revisado cuidadosamente toda su documentación técnica. Algunos ejemplos: Hay ingredientes como el propanediol, cuyo nombre suena a sustancia química, pero que puede ser natural. Es un humectante que se utiliza como disolvente o como agente controlador de la viscosidad. Su estructura química es C3H8O2, y tiene esta misma fórmula tanto si se deriva de plantas como del petróleo, por lo que se denomina propanediol en ambos casos. Si es de origen petroquímico, procede del refinado del petróleo o del gas natural. Existen diferentes métodos para obtener propanediol de este origen. Uno de ellos es mediante un proceso de oxidación, en el que se obtiene óxido de propileno y, a partir de este, mediante hidrólisis, se obtiene propanediol. Si es de origen natural, proviene del azúcar de plantas como el maíz. A continuación, se lleva a cabo un proceso de fermentación, utilizando diferentes microorganismos, como la bacteria Clostridium botycurom. Si el propanediol es de origen natural, tanto la planta de la que procede (el maíz) como las bacterias utilizadas para el proceso de fermentación pueden ser de origen transgénico. Este es otro aspecto que comprueba la certificación de cosméticos naturales, para evitar que se utilicen transgénicos. Hay otros ingredientes con nombres que suenan naturales, pero que también pueden ser de origen petroquímico. Por ejemplo, el mentol. Este ingrediente se puede utilizar como aroma en perfumes y también tiene propiedades calmantes para el picor, refrescantes, antibacterianas y estimulantes de la circulación sanguínea. Si es natural, es un alcohol que se encuentra presente en los aceites esenciales de algunas especies de menta. El mentol natural proviene de la Menta piperita o la Menta arvensis. El proceso comienza con la destilación al vapor de las hojas de menta, donde se obtiene el aceite esencial de menta. El aceite contiene varios compuestos, entre ellos mentol, mentona, limoneno, etc. A continuación, mediante cristalización fraccionada o enfriamiento del aceite, el mentol cristaliza debido a su bajo punto de fusión (~42-44 °C) y, finalmente, los cristales de mentol se separan por filtración. Si el mentol se produce mediante síntesis química, se pueden aplicar diferentes métodos. Uno de los más habituales utiliza m-cresol (procedente del tolueno y del fenol) como punto de partida. El m-cresol se alquila para formar timol y, a continuación, el timol se hidrogena catalíticamente para obtener mentol. Como nota adicional, podemos comentar en este punto que muchas sustancias que forman parte de los perfumes como el timol, el limoneno, el linalool, el geraniol, el eucaliptol y otras, también pueden ser de origen natural o petroquímico. Hay otra posible consideración con respecto a los ingredientes de los cosméticos: los que provienen de origen natural, pero que, debido a su método de extracción, contienen un porcentaje significativo de moléculas petroquímicas, lo que significa que no

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GREENWASHING EN COSMÉTICA

En la jungla actual de sellos y reivindicaciones en cosmética es fácil perderse. Dado que no hay una definición oficial de lo que es cosmética natural ni ecológica, ni un reglamento que se aplique para este campo, lo único que puede orientar al consumidor concienciado es un sello en la etiqueta. Pero un sello debe significar algo, y el consumidor debe saber lo que significa. Si no, el sello no será más que un adorno más o menos vistoso en el diseño de la etiqueta. En el mercado encontramos distintas estrategias para vender cosmética como verde sin que realmente lo sea. A veces se trata simplemente de usar un envase o una etiqueta de color verde, incluir en la etiqueta imágenes de ingredientes naturales como flores o frutas cuando, si revisamos la lista de ingredientes, su presencia es insignificante o incluso ni siquiera la contiene. Otras veces se utiliza el propio envase para dar esa imagen de ecológico con alusiones tipo “zero plastic” o “ecopack” cuando el producto no tiene nada de natural ni ecológico.  A veces las empresas ponen en la etiqueta sellos que no significan nada o que ofrecen pocas garantías. Y, por último, la forma más frecuente es el uso de reivindicaciones en la etiqueta con alusiones a una pretendida naturalidad de producto con términos ambiguos como “natural”, “bio”, “sostenible”, “sin sulfatos”, “biodegradable”, etc.   CLAIMS A LA CARTA Una de las estrategias más utilizadas en el sector cosmético para vender es el uso de reivindicaciones o “claims” en la etiqueta. Las marcas utilizan como reclamo términos que entienden serán bien recibidos por las personas consumidoras. A veces estas reivindicaciones se sostienen en algo real, otras veces no son más que interpretaciones optimistas de las marcas para resultar más atractivas. A veces es simplemente un engaño al consumidor para vender más pretendiendo que el producto es ecológico o natural. Hay muchos claims que no responden estrictamente a la verdad sobre lo que contiene el producto. Sería el caso de “toxic free” porque es un término demasiado general y un cosmético, por muy natural que sea, puede ser tóxico para una persona que sea alérgica a uno de sus ingredientes.  Y en este mismo ámbito, términos como “100 % sostenible” no tienen sentido, porque ¿cómo se mide la sostenibilidad para concluir esa cifra del 100 %? Las cifras que se indiquen en las etiquetas tienen que tener significado. Otro claim que se usa mucho es el de “Zero waste”, pero no hay ninguna actividad que lleven a cabo los seres humanos que no genere algún residuo. En el afán de destacar los productos que se venden, se hacen muchos claims de este estilo, exagerados, sin sentido o directamente falsos. Sin embargo, cuando los claims son reales y justos, son una información muy valiosa y práctica para los consumidores.   EL LABERINTO DE LAS CERTIFICACIONES Lo lógico sería pensar que lo más fiable es comprar productos certificados. Esto significa que una cierta entidad, siguiendo una cierta Norma escrita que define los criterios para considerar un producto cosmético como natural o ecológico, haya revisado que los productos cosméticos cumplen con esa Norma y por lo tanto pueden hacer uso de un sello, con un cierto significado. El problema es que no todas las certificaciones son iguales, ni todo lo que se presenta o se percibe como una certificación, lo es. Es fundamental que quien emita los certificados sea una certificadora profesional, que esté registrada para tal actividad y que esté acreditada. La acreditación es como la certificación para las certificadoras; hay una entidad externa (el organismo de acreditación) que controla que la certificadora está capacitada para ofrecer estos servicios y que lo hace correctamente.   La certificación es un proceso complejo y, por ello, caro. A veces, las empresas, en su búsqueda de un precio más asequible caen en manos de entidades que lo que ofrecen es un sello. Este sello se basa frecuentemente en una simple revisión del listado de ingredientes que lleva el producto, pero sin profundizar excesivamente y sin visitas al lugar de elaboración. Teniendo en cuenta que muchos ingredientes pueden ser naturales o petroquímícos con el mismo nombre INCI (nomenclatura usada en cosmética para los ingredientes), una simple comprobación de un listado de nombres sin revisión de su información técnica y sin inspección al laboratorio, no supone en absoluto una garantía de la naturalidad del producto. La única garantía es buscar producto certificado por una entidad de confianza que sea una certificadora auténtica, con todos los requisitos que ello supone. En nuestro país estaríamos hablando de certificaciones como COSMOS, NATRUE o BioVidaSana.   Montse Escutia. Asociación Vida Sana Nuria Alonso. Certificación BioVidasana   Publicado en el Anuario Alerta Greenwashing 2025 impulsado por el Colectivo Alerta Greenwashing https://revistas.colex.es/index.php/empresasyderechoshumanos/article/view/651/1010

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