
EL SELLO BIOVIDASANA EN EL INFORME CLICKOALA
ClicKoala se definen como “un proyecto social centrado en hacer fácil el consumo consciente”. Desde hace varios años publican los

ClicKoala se definen como “un proyecto social centrado en hacer fácil el consumo consciente”. Desde hace varios años publican los

La ecocosmética certificada española da un gran salto mediático y se presenta en todos los medios generalistas y la prensa

El desodorante es un producto de higiene personal que se usa diariamente desde la adolescencia. Por ello, debemos ser cuidadosos

El término “transgénico” o “organismo modificado genéticamente” se refiere a plantas, animales o microbios a los que se les ha

Aunque los dentífricos no son productos cosméticos de composición muy compleja en ellos podemos encontrar ingredientes que es mejor evitar.

La base de maquillaje es un producto cosmético cuyo objetivo es tapar las imperfecciones de la piel, unificando el tono

La cosmética decorativa o maquillaje tiene como objetivo dar color o modificar el color de la zona donde se aplica para potenciar algunos rasgos

El jabón se obtiene mediante un proceso químico conocido como saponificación en el que una grasa reacciona con una base

Aunque en términos de mercado se clasifican en dos categorías diferentes, el gel de baño como producto de higiene personal

La Cosmeticorexia se define como una obsesión por el uso de productos cosméticos y de maquillajes. Este fenómeno está afectando mucho a los adolescentes e incluso a niños de entre 8 y 12 años. Se da más en las chicas, aunque también hay cada vez más chicos afectados; que a menudo utilizan varios productos diarios en lo que se conoce como rutina cosmética o “skincare”. Incluso hay adolescentes preocupados por los signos de la edad en su piel, lo que los lleva a consumir cosmética antiedad, con ingredientes como retinol, o incluso a aplicarse rellenos de botox como contorno de ojos, o para borrar las líneas de expresión de la frente, lo que en algunos países ya es habitual a partir de los 20 años. La cosmeticorexia es una alteración psicológica, que puede ser grave, como todas las obsesiones, y que tiene mucho que ver con las inseguridades propia de esta edad, junto con el exagerado perfeccionismo propio de estos tiempos. Además de problemas psicológicos, como problemas de autoestima y dependencia, esta obsesión puede producir problemas persistentes en la piel como dermatitis, irritaciones, piel opaca, intolerancia al sol, etc. Los adolescentes están muy condicionados por la información que les llega a través de las redes sociales, con influencers mostrando sus pieles perfectas a través de filtros, y probando continuamente los productos cosméticos de sus patrocinadores ante la cámara. La industria cosmética convencional tiene gran parte de responsabilidad en este fenómeno, pues además de la publicidad que ejercen a través de las influencers, a las que pagan o regalan productos para que los promocionen, suelen diseñar formatos y envoltorios atractivos para los adolescentes, donde el envase y la fama de quien lo anuncia son más importantes que el contenido. Además de las redes sociales, los niños y adolescentes también encuentran fácilmente en tiendas y centros comerciales invitaciones a probar nuevos productos: testers y muestras gratuitas con apariencias atractivas. Esta presión por consumir también incluye a los perfumes sintéticos; en este campo es en que el glamour y las apariencias adquiere su máxima expresión. Los perfumes sintéticos contienen muchos ingredientes y algunos de ellos pueden actuar como disruptores endocrinos. Además, las fórmulas de los perfumes son secretas, la ley permite declararlos en las etiquetas simplemente como Parfum, tanto si son naturales como de origen petroquímico. Es peligroso que las personas se acostumbren a estos perfumes desde tan temprana edad, porque los que no usamos perfumes sintéticos normalmente no soportamos esos olores artificiales, pero si te acostumbras ya desde pequeño, lo considerarás normal y probablemente usarás este tipo de perfumes toda la vida. A los que somos conscientes de la diferencia que hay entre usar cosmética natural o convencional nos preocupa el poco o nulo conocimiento de los más jóvenes sobre los ingredientes que se emplean en la cosmética convencional y sobre los muchos beneficios de la cosmética natural. ¿Y cómo se podría ayudar a los adolescentes a no caer en el obsesivo uso de los cosméticos y a usar cosméticos más naturales? Como siempre, es una cuestión de educación y de atención por parte de las familias y del ejemplo que les puedan dar a los hijos. Es que no es lo mismo tener unos progenitores adictos a las operaciones estéticas y pendientes de la eliminación de cualquier signo de la edad en la piel, que otros que consuman habitualmente cosmética natural y usen los productos cosméticos con moderación y responsabilidad y que transmitan a sus hijos estos hábitos. El ámbito educativo sería un buen marco para trasmitir unas buenas pautas de consumo en el caso de la cosmética. Se necesitaría dotar a los educadores de los recursos para que puedan ayudar a los adolescentes a no caer en esta obsesión, al igual que desde la escuela ya se están afrontando otros trastornos psicológicos. La cosmética natural certificada tampoco se ha especializado hasta ahora en este sector de la población. Hay productos para bebés y niños pequeños, pero casi nada para adolescentes. Y sí que hay ingredientes y fórmulas en cosmética natural muy adecuadas para la piel adolescente, pero no suelen anunciarse como tal, por lo que, si las chicas y chicos no los conocen, ni tampoco sus familias, ni las influencers a los que siguen, ni nadie de su entorno, pues no llegan a saber que hay buenas opciones naturales para ellos. También hay quien aconseja no utilizar ingredientes naturales por un motivo u otro, como por ejemplo los aceites: se puede escuchar a supuestos expertos en cosmética aconsejar a los adolescentes que no usen aceites de ningún tipo, pues tendrán más acné y más problemas de piel; con esto los empujan intencionadamente o no, a utilizar productos artificiales. Pero lo que hay que saber es que aceites son comedogénicos, es decir, que obstruyen los poros, como el aceite de coco, pero que hay otros muchos que no son comedogénicos, como el de jojoba, el de rosa mosqueta o el de bardana entre otros. También hay activos calmantes como la caléndula o el árnica e ingredientes que ayudan a controlar el acné, como el óxido de zinc o el bambú usado en mascarillas. Lo que la sociedad debería enseñar a los niños y adolescentes es a no obsesionarse con su aspecto y a no consumir cosmética en exceso, ni siquiera la natural. No necesitan tantos productos, simplemente deben limpiar la piel e hidratarla, deben usar protector solar natural y deben saber que también se puede controlar el acné con ingredientes naturales Núria Alonso Responsable Certificación BioVidaSana y Montse Escutia Red Ecoestética | www.ecoestetica.org Publicado anteriormente en BIOECO ACTUAL, nº149, Julio 2026

Amaia Frade es farmacéutica y cofundadora de Lamixtura. Tras años de experiencia en I+D dermocosmético, creó la marca junto a Silvia Garcia, con la convicción de que la cosmética natural puede ser tan o más eficaz que la convencional. Su mirada combina ciencia, sensibilidad y una forma más consciente de entender el cuidado personal. Hoy desarrolla dermocosmética natural avanzada, basada en ingredientes 100% de origen natural, eficacia demostrada y el máximo respeto por la piel. La empresa estará en BioCultura BCN 2026. -¿Qué es Lamixtura y qué historia personal, humana, hay detrás de la empresa? -Lamixtura nace de la unión de Amaia y Silvia, dos formuladoras cosméticas que se conocieron trabajando en un prestigioso laboratorio de dermocosmética en Barcelona. Allí compartimos algo más que profesión: la inquietud de que otra forma de cuidar la piel era posible. Entendimos que se podía formular de una manera más respetuosa, combinando eficacia y seguridad, con ingredientes 100% de origen natural, bien tolerados por la piel, sin ingredientes irritantes ni disruptores endocrinos. Esa visión común fue el origen de todo. Así nació Lamixtura hace ya cinco años: con la voluntad de crear una dermocosmética natural avanzada, capaz de ofrecer resultados reales sin renunciar al respeto por la piel y por la salud. MÁS QUE UN CONCEPTO-¿Habláis de dermocosmética como una forma de diferenciaros de otras empresas afines? ¿Por qué usáis ese concepto para hablar de vuestros productos? -Para nosotras, la dermocosmética 100% natural no es solo un concepto, sino una forma muy rigurosa de formular. En una etapa anterior, cuando desarrollábamos cosmética para otras marcas, trabajábamos con dermocosmética convencional, combinando ingredientes de síntesis con ingredientes naturales. Con Lamixtura decidimos dar un paso más y apostar por una formulación 100% natural, sin renunciar en ningún momento a la eficacia. Ahí está precisamente una de nuestras grandes diferencias: para nosotras, la eficacia no puede basarse solo en los resultados de los distintos componentes o activos que lleva una fórmula. Tiene que demostrarse en la fórmula final, en el producto acabado, con estudios específicos que validen sus resultados reales sobre la piel. Además, entendemos la dermocosmética como un cuidado capaz de ayudar a mejorar alteraciones cutáneas concretas, como la piel con tendencia atópica, la dermatitis o la rosácea. Por eso, nuestras fórmulas están diseñadas para actuar de forma eficaz y, al mismo tiempo, con la máxima tolerancia cutánea. De hecho, todas nuestras fórmulas presentan un índice de irritación igual a cero, lo que significa que son altamente biocompatibles y aptas incluso para las pieles más sensibles. Eso es, para nosotras, la dermocosmética 100% natural: eficacia demostrada, alta tolerancia y un respeto absoluto por la piel. LAMIXTURA: la dermocosmética 100% natural no es solo un concepto, sino una forma muy rigurosa de formular Amaia Frade es farmacéutica y cofundadora de Lamixtura. Tras años de experiencia en I+D dermocosmético, creó la marca junto a Silvia Garcia, con la convicción de que la cosmética natural puede ser tan o más eficaz que la convencional. Su mirada combina ciencia, sensibilidad y una forma más consciente de entender el cuidado personal. Hoy desarrolla dermocosmética natural avanzada, basada en ingredientes 100% de origen natural, eficacia demostrada y el máximo respeto por la piel. La empresa estará en BioCultura BCN 2026. -¿Qué es Lamixtura y qué historia personal, humana, hay detrás de la empresa? -Lamixtura nace de la unión de Amaia y Silvia, dos formuladoras cosméticas que se conocieron trabajando en un prestigioso laboratorio de dermocosmética en Barcelona. Allí compartimos algo más que profesión: la inquietud de que otra forma de cuidar la piel era posible. Entendimos que se podía formular de una manera más respetuosa, combinando eficacia y seguridad, con ingredientes 100% de origen natural, bien tolerados por la piel, sin ingredientes irritantes ni disruptores endocrinos. Esa visión común fue el origen de todo. Así nació Lamixtura hace ya cinco años: con la voluntad de crear una dermocosmética natural avanzada, capaz de ofrecer resultados reales sin renunciar al respeto por la piel y por la salud. MÁS QUE UN CONCEPTO-¿Habláis de dermocosmética como una forma de diferenciaros de otras empresas afines? ¿Por qué usáis ese concepto para hablar de vuestros productos? -Para nosotras, la dermocosmética 100% natural no es solo un concepto, sino una forma muy rigurosa de formular. En una etapa anterior, cuando desarrollábamos cosmética para otras marcas, trabajábamos con dermocosmética convencional, combinando ingredientes de síntesis con ingredientes naturales. Con Lamixtura decidimos dar un paso más y apostar por una formulación 100% natural, sin renunciar en ningún momento a la eficacia. Ahí está precisamente una de nuestras grandes diferencias: para nosotras, la eficacia no puede basarse solo en los resultados de los distintos componentes o activos que lleva una fórmula. Tiene que demostrarse en la fórmula final, en el producto acabado, con estudios específicos que validen sus resultados reales sobre la piel. Además, entendemos la dermocosmética como un cuidado capaz de ayudar a mejorar alteraciones cutáneas concretas, como la piel con tendencia atópica, la dermatitis o la rosácea. Por eso, nuestras fórmulas están diseñadas para actuar de forma eficaz y, al mismo tiempo, con la máxima tolerancia cutánea. De hecho, todas nuestras fórmulas presentan un índice de irritación igual a cero, lo que significa que son altamente biocompatibles y aptas incluso para las pieles más sensibles. Eso es, para nosotras, la dermocosmética 100% natural: eficacia demostrada, alta tolerancia y un respeto absoluto por la piel. “GREENWASHING”–¿En qué medida os afecta, o no, el “greenwashing” que practican las grandes empresas? -El “greenwashing” sigue siendo un problema porque desdibuja lo que realmente significa hacer cosmética natural. En un entorno como BioCultura pensamos que hay un consumidor más informado y más consciente, pero aun así estas prácticas generan confusión. Nos sorprende ver cómo algunas grandes marcas, con fórmulas que siguen incluyendo parafinas, siliconas o conservantes sintéticos, destacan un ingrediente botánico concreto y trasladan una imagen de naturalidad que no se corresponde con la realidad de la fórmula. Creemos que eso no ayuda al consumidor y banaliza el trabajo que hay detrás de una dermocosmética 100% de origen natural. Nos parece

Podemos encontrar precursores de los acondicionadores de pelo en los aceites naturales que antiguamente se utilizaban para suavizar y perfumar el pelo como el de oliva, coco o argán. Durante la Edad Media se empleaban grasas animales o vegetales mezcladas con aceites esenciales para cubrir la falta de higiene. Pero su verdadero origen es la mala calidad de los primeros champús que empezaron a comercializarse durante la Revolución Industrial. Eran tan agresivos que dejaban el pelo en malas condiciones y se empezaron a buscar soluciones para “acondicionar” el pelo después del lavado. Uno de los hitos en la evolución de estos acondicionadores fue el uso de las siliconas por sus propiedades suavizantes y antienredantes, a la vez que son ligeras. Las siliconas son polímeros de silicio y oxígeno, diferentes de los plásticos que son polímeros de carbono e hidrógeno. Sin embargo, las siliconas son compuestos sintéticos muy resistentes a la degradación que, como el plástico, están relacionadas con problemas ambientales y también sobre la salud. Las siliconas también tienen efecto de disruptores endocrinos, especialmente debido a los aditivos que las acompañan. Algunas de ellas, como el cyclopentasiloxane (D5) ya tienen restricciones de uso en la UE. Por ello, a pesar de sus propiedades, deberíamos evitar su presencia en los acondicionadores de pelo. Hay otros ingredientes que son poco recomendables y que encontramos con frecuencia en los acondicionadores: El disulfuro de selenio es un producto anticaspa. Se cree que es neurotóxico y está clasificado como posible carcinógeno por ello su uso está restringido y su presencia debe advertirse en la etiqueta. Los compuestos de amonio cuaternario (quats y poliquats) son cáusticos e irritantes de ojos. Una parte importante de la población es alérgica y pueden producir dermatitis de contacto y síntomas asmáticos. Cuando se utilizan en duchas de agua caliente aumenta su inhalación. Los encontramos en el INCI con los siguientes nombres: Benzalkonium, Cetrimonium, Quaternium, Polyquaternium, derivados cuaternizados de la Etilendiamina o de la Polietilenimina como la Estearamidopropil Dimetilamina y Hydroxy Propyltrimonium Chloride. Los emulsionantes sirven para mejorar la viscosidad y la penetración del producto en el cabello y son los responsables de la típica textura cremosa de los acondicionadores. Los derivados del petróleo suelen llevar asociados dioxinas en forma de contaminantes que son reconocidos carcinógenos y no es posible distinguir qué productos están contaminados y cuáles no. Lo son todos los ingredientes que contengan las palabras PEG, PPG, Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, Hydroxypropyl o la terminación “eth”. Ingredientes no totalmente naturales: Los acondicionadores de cabello son uno de los productos más difíciles de conseguir en cosmética natural; al menos para conseguir una textura y un efecto similar al que tienen los acondicionadores convencionales, al que muchas personas consumidoras están acostumbradas. Por eso las normas para cosmética natural certificada suelen aceptar, como excepción al criterio general, algunos ingredientes que son de origen natural, pero que, debido a su método de obtención, tienen un pequeño porcentaje de moléculas petroquímicas en su composición final. Un ejemplo de este tipo de ingredientes es el Distearoylethyl Dimonium Chloride. Su origen es el aceite de coco o de palma, que se esterifica y de ahí sale el ácido esteárico. Después se necesita un agente clorante para lograr el proceso de cuaternización. Para la aprobación de los pocos ingredientes de este tipo que se permiten se asegura que son biodegradables y sin riesgos de seguridad y comprobando que su porcentaje petroquímico es mínimo. Además, si se usa un ingrediente de este tipo en un producto certificado, nunca se podrá indicar en la etiqueta que es 100 % natural, sino que debe indicarse el porcentaje natural real. Sin embargo, hay otros ingredientes de este tipo que no se aprueban en cosmética certificada, pero que a menudo se usan en productos que se venden como naturales, e incluso que se anuncian como 100 % naturales. El más típico de estos tipos de ingredientes es el Behentrimonium Methosulfate (BTMS). Proviene del aceite de colza, de este aceite se separa el ácido behénico y éste se convierte en una amina grasa, finalmente se utiliza metisulfato para formar una sal. Este ingrediente está considerado como ecotóxico por REACH para los organismos acuáticos y su % de naturalidad no es alto, entre un 60-70 % dependiendo del proveedor. Los ingredientes de la cosmética econatural Los acondicionadores para el cabello actúan creando una capa sobre el cabello que le da un aspecto más sano y brillante. Para crear esta capa la cosmética econatural utiliza aceites, grasas vegetales o animales, proteínas, aminoácidos o ceras de frutas. También se utilizan alcoholes grasos para mejorar la adhesión del cosmético al cabello. Los aceites vegetales ayudan a reducir la pérdida de agua del cabello, creando una ligera película protectora sobre la fibra capilar. Los más usados son el de coco que penetra la fibra capilar reparándola, el de jojoba que equilibra la producción de grasa, el de ricino que estimula el crecimiento y fortalece las raíces o el de argán que suaviza y da brillo. Las grasas vegetales o mantecas aportan nutrición al cabello como la de karité o la de cacao. A esta base de aceites o grasas vegetales se le añaden otros ingredientes de plantas con distintas propiedades como el romero, que estimula el crecimiento del cabello, la ortiga, que reduce la caída, la camomila, indicada para cabellos rubios y que aclara y da brillo al cabello. También ingredientes minerales, como la arcilla, ideal para cabellos grasos y que limpia en profundidad sin resecar; ingrediente animales como la miel, ideal para cabellos secos o la cera de abeja para dar textura al acondicionador. Un ingrediente natural específicamente utilizado como acondicionador, con muy buenos resultados, es el extracto de rábano (Raphanus Sativus Root Extract) En la formulación econatural se utilizan como emulsionantes derivados de azúcares, lecitina o cera. En el INCI los encontraremos con nombres como Cetearyl Olivate, Gliceril Stearato, Lecithin, Beeswax. Ejemplo de un acondicionador convencional Una posible fórmula contendría los siguientes ingredientes: Aqua, Cetearyl Alcohol, Dimethicone, Brassicamidopropyl Dimethylamine, Sodium Chloride, Disodium EDTA,